La verdad de a de veras, es que yo he crecido acostumbrada a las pobres predicciones del SENAHMI (sin embargo ya están mejor), y a la garúa persistente que reina en Lima durante todo el invierno. Yo me acuerdo mucho que el cielo era gris. Gris. Siempre gris. Nunca se veía el sol. Parece que por el calentamiento global, está cambiando la cosa, vaya. Pero lluvia...no pues. Lluvia no. Si Lima es desierto pues, ahi no llueve.
Como buena peruanita recién bajada del cerro (o caída del palto, ustedes decidan), todo para mí por estos lares, ha sido novedad. Lo cual no tiene nada de malo. Sumado a mi personalidad bastante impresionable, pues todo me emociona. Me acuerdo los primeros gotones en Barcelona. Mi papá me había dado un paraguas color naranja-ya-no-ya antes de irme de Lima. Así que lo reventé hasta que bueno, un dia... el paraguas, decidió reventar por si sólo en París:
Cuentan mis memorias, que allá por el 2006, chapé mi avión y me fui a la casa de una amiga de mi hermana a visitar la ciudad luz. Claro, que aunque era verano, me había tocado una semana medio pesadita. En mi primer día de caminata (porque caminé un huevo...) el pobre paraguas dijo NO MAS!! Felizmente llovió solo un día, así que no hubo mayor daño.

Por los Campos Eliseos
De regreso en Barcelona, tuve que hacer lo que tocaba. Me compré un paraguas color chicha morada. El paraguas, que en realidad no se ve como que fuera la gran cosa, me ha resistido los mil y un vientos de las esquinas del barrio del Eixample en Barcelona. Se ha levantado, y se ha vuelto a colocar en su sitio. Claro, con ayudadita mía. Cuando lo abres, hay que encontrar con maña el famoso *click* que lo deje en su sitio. Así que tampoco es que esté pitita. Pero ahi está. Claro, previo agradecimiento a la marca italiana que confeccionó este práctico accesorio porque valgan verdades, 17euros me costó el chiste. Pero ha sido sin duda, mi mejor inversión anti pluvial.
Con mi super paraguas chichita me vine a Escocia a combatir la garúa persistente escocesa y las lluvias torrenciales que a veces tocan. Se me está poniendo cada vez más mañoso, pero no tengo otro. Además que... "con todo combina!!". Mi compañerito de viaje, es retráctil y lo puedo llevar en la cartera sin problema. Para mi, salir cuando llueve, es una delicia. Como si fuera la primera vez que haya visto llover, siempre logro salir a la calle a chapotear lo que nunca chapotée en mi infancia. Porque claro... en Lima, nunca llovió.
El otro día, caminando al super mercado con mi super paraguas, me topé con un chico que estaba con una capucha gris, muy campante, silbando y tarareando. Hay que ver lo acostumbrados a la lluvia que están por aca. Entre sus felices silbidos, pude reconocer el famoso Singing in the rain. No pude evitar sonreir. Al menos ese día no me mojé mucho los pantalones. Ahora entiendo por qué las chicas prefieren usar falda, jaja.